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Para hacer los retratos, el proceso que sigo es este: Conocer el uso que va a tener y conocer los principios que mueven el proyecto ya que la estética irá asociada a ellos. Muchas veces pido cinco palabras unos días antes de la sesión. Palabras de cualquier tipo que resuenen al futuro retratado. Esas cinco palabras pueden convertirse en un detonante, en un ancla o también en nada. Muchas veces nos sirven.
Después hablamos de localizaciones, nos ponemos de acuerdo. A veces el contexto no se va a ver mucho en la foto final, pero nos importa dónde estamos, porque en ese sitio estamos de una determinada manera.




















Trabajo casi siempre con luz ambiente (algún flash de relleno a lo sumo) y con un 50 mm (tope 70 mm). No doy muchas indicaciones y soy yo la que se mueve más.
Entiendo que para la mayoría de las personas es duro estar delante de una cámara o por lo menos, supone un cierto reto. Entonces jugamos con esto. Aquí el proceso es muy diferente según con quién. Me gusta escuchar las ideas de la persona retratada, muchas veces surgen y la mayoría han resultado bien. Y, por supuesto, también me gusta trabajar sobre mis propias ideas.
Lo último que hago es preseleccionar unas cuantas fotografías y editar las que elija el retratado.